
Lectura: «Pero tú, Señor, estás conmigo, como un poderoso guerrero.» (Jeremías 20:11)
Juan ha pasado por situaciones difíciles. Tras 30 años de matrimonio, vio cómo su unión terminaba debido a una relación extramatrimonial de su esposa. Su hijo mayor vive en el extranjero y el menor sufre problemas de salud, lo que le preocupa. A punto de jubilarse, Juan se sorprendió por el despido de la empresa donde había trabajado toda su vida. Separado, desempleado y angustiado por la salud de su hijo, se siente solo y a menudo lamenta todo lo ocurrido.
El sentimiento de Juan se asemeja al del profeta Jeremías. Aunque por razones diferentes, ambos atraviesan un gran sufrimiento y, cuando miran sus vidas, manchadas y destrozadas por problemas y dificultades, no pueden encontrar una solución. Gran parte del discurso del profeta Jeremías es lamentación, llanto y sufrimiento.
La experiencia de Juan y Jeremías nos enseña que el lamento, en momentos difíciles, es natural y pueden andar juntos con la fe. Y en medio del lamento, la fe nos sostiene, como escribe el profeta Jeremías: «Pero tú, Señor, estás conmigo, como un poderoso guerrero. Eso hará que mis perseguidores tropiecen y no logren vencerme. Quedarán grandemente avergonzados, y no lograrán triunfar. Tan grande será su confusión, que jamás será olvidada.» (Jeremías 20:11). Esta verdad nos recuerda que, en nuestra debilidad, Dios está a nuestro lado, sosteniéndonos con su amor y poder. Aunque haya lamento, la fe en Jesús nos da la certeza de que las dificultades y los sufrimientos nunca tendrán la palabra final. Jesucristo es un vencedor sobre todo lo que nos duele y nos da la seguridad de la victoria. Como Jeremías, Juan aprende que la fe y el lamento pueden caminar juntos, porque Dios siempre cuida de sus hijos.
Oremos: Padre, fortaléceme para confiar en tu amor y en el poder de Jesús, incluso en tiempos de dolor. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Marcos Schlemer Weide
