
Lectura: «Sube al monte y preséntate ante mí. Espera allá, que voy a darte las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para instruirlos.» (Éxodo 24:12)
La relación de las personas con los Diez Mandamientos es paradójica. Por un lado, la gente está de acuerdo con su contenido. Si Dios es Dios, debemos temerle y amarle sobre todas las cosas. No debemos tomar su nombre en vano. Debemos santificar el día de descanso. Además, debemos honrar a padre y madre, no debemos matar, cometer adulterio, robar, dar falso testimonio ni codiciar. Los mandamientos no van en contra del sentido común, ni de la razón humana.
Por otro lado, la gente lucha con las órdenes. Cuando se trata de sexualidad, creen que exageran. Cuando se trata de robar, la honestidad no siempre es el camino elegido. Y entonces, lo que parecía bueno se pone en duda y la gente piensa que los mandamientos pueden ser abandonados.
Por ello, Dios nos dio una palabra de guía: «voy a darte las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para instruirlos.» (Éxodo 24:12). Los mandamientos deben enseñarse. Hay que recordarlos para que la gente los conozca y ayuden a decidir qué está bien y qué está mal.
Infelizmente, no hemos podido cumplir perfectamente los mandamientos. Pero Jesús lo hizo por nosotros y dio su vida para salvarnos. Por el sacrificio de Jesús en nuestro lugar, se nos perdona haber quebrantado los mandamientos y recibimos de Dios la capacidad de vivir lo mejor que podamos según su voluntad.
Oremos: Bondadoso Dios, enséñame a vivir según tu santa voluntad. Y ayúdame a enseñar eso a mis hijos y a todas las personas. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Erní Walter Seibert
