
Lectura: «¡Cuán dulces son tus palabras en mi boca! ¡Son más dulces que la miel en mis labios!.» (Salmo 119:103)
¡Un feliz y bendecido año nuevo! Esta frase, que hoy se escucha mucho hoy, nos recuerda que las cerebraciones de fin de año son un momento para compartir. Compartimos sueños, expectativas y esperanzas. Compartimos deseos de paz, fe, amor, salud y prosperidad. Y también nos reunimos alrededor de la mesa, donde compartir la cena de Navidad y Año Nuevo se convierte en una expresión de comunión y afecto, uniendo diferentes gustos y tradiciones.
El Salmo 119 es también un texto de celebración, comunión, fe y compartir. En él, el propio Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a participar en un banquete muy especial, digno de todos los gustos y preferencias. En este banquete, se nos sirve con el dulce sabor de la Palabra de Dios. Esto es lo que confiesa el salmista cuando proclama: «¡Cuán dulces son tus palabras en mi boca! ¡Son más dulces que la miel en mis labios!.» (Salmo 119:103).
¡Qué promesa tan valiosa! Al fin y al cabo, vivimos en tiempos de vacío espiritual y con un gran hambre de comunión y afecto. La gente necesita palabras dulces y cariñosas. Y no hay nada más dulce y amoroso que lo que nos ofrece la Palabra de Dios. Así como la miel nutre y fortalece el cuerpo, la Palabra de Dios vigoriza la fe y fortalece el alma, compara el salmista.
Al comenzar este año, busquemos alimentarnos cada día del dulce sabor de la Palabra de Dios. Esa Palabra nutrirá nuestras vidas, guiará nuestros pasos y protegerá nuestros caminos con la seguridad del perdón, el amor y la compañía reconfortante del Salvador Jesús.
Oremos: Querido Dios, en ti miramos con esperanza para el año nuevo. Que compartir tu Santa Palabra sea nuestro alimento diario, fortaleciendo nuestra fe en tus promesas de perdón y salvación. Por Jesús. Amén.
Autor: Thomas Heimann
