
Lectura: «El Señor te estará vigilando cuando salgas y cuando regreses, desde ahora y hasta siempre.» (Salmo 121:8)
Cuando se va de viaje, un buen hábito es rezar y pedir la protección de Dios. Confiando y entregándote todo a Dios, puedes disfrutar de este viaje de forma segura y con gratitud en tu corazón.
En tiempos del Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Dios viajaba para adorar en el Templo de Jerusalén, enfrentaban peligros, dificultades y miedo. Una de sus canciones de peregrinación (Salmo 121) muestra este hecho de forma alentadora. La canción comienza preguntando: «Elevo mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?» La respuesta, con confianza, llega poco después: «Mi socorro viene del Señor, creador del cielo y de la tierra.» (Salmo 121:1-2).
El exitoso viaje de la peregrinación a Jerusalén se convierte en una comparación con la vida, en todo momento y en todas las circunstancias. Dios, además de ser el Creador Todopoderoso, está lleno de amor y misericordia, siempre dispuesto y vigilante para cuidar incansablemente de todos los que se refugian en él.
La vida está hecha de idas y venidas. Vamos y venimos entre el trabajo, la fiesta, el colegio, la consulta, el paseo, el entierro de un ser querido. ¿A dónde vas o de dónde vuelves ahora mismo? ¿Estás seguro?
Dios, a través de Jesús, va y viene por nosotros. Jesús hizo la trayectoria hasta la cruz, que nos trae plena y eterna seguridad. Porque há vencido a la muerte, vendrá a buscarnos para estar donde él está (Juan 14:1-5). ¡Así podrás vivir seguro! «El Señor te estará vigilando cuando salgas y cuando regreses, desde ahora y hasta siempre.» (Salmo 121:8).
Oremos: Dios eterno, fiel guardián de quienes se refugian en ti. Te agradecemos por hacernos vivir en seguridad, siendo nuestro auxílio siempre. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Jonas Naor Glienke
