
Lectura: «Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos..» (1 Juan 3:1)
La palabra «padre» tiene un significado profundo y especial. Muchos sienten el impacto de esta palabra cuando un bebé dependiente y sonriente les llama «papá». Sobre el amor paterno, el apóstol Juan escribió: «Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.» (1 Juan 3:1).
Quizá no todos los lectores u oyentes de esta reflexión sean padres, pero desde luego todos son hijos. ¿Qué significa ser un hijo de Dios? Primero, debemos recordar que por naturaleza nacemos alejados de Dios y esclavos del pecado. Pero, por su gracia y su inmenso amor, nos recibe y nos llama sus hijos. Dentro de esta familia divina, somos como niños pequeños, completamente dependientes del amor del Padre.
Segundo, cuando reflexionamos sobre nuestras vidas, nos damos cuenta de que no somos dignos de ese título. Parafraseando el princípio de la carta de Juan: «Si decimos que nunca hemos hecho daño a nuestro Padre, que nunca hemos hecho nada en contra de su perfecta voluntad, estamos siendo mentirosos, y la verdad no está en nosotros.» ¡No hay hijos perfectos!
Aun así, aunque siendo hijos imperfectos, aunque desobedezcamos y entristecemos el corazón del Padre celestial, somos profundamente amados por él. Él nos eligió, nos rescató y nos salvó a través de su Hijo Jesús, el único Hijo perfecto.
Oremos: Gracias, Señor, por acogernos en tu familia y llamarnos hijos. Que siempre te reconozcamos como nuestro Padre y confiemos en tu amor. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Matheus Schmidt
