
Lectura: «De rodillas, y en dirección a tu santo templo, alabaré tu nombre por tu misericordia y fidelidad, por la grandeza de tu nombre y porque tu palabra está por encima de todo.» (Salmo 138:2)
Cuando oramos a Dios, Él nos escucha. Saber que el Señor está presente trae consuelo y esperanza. En las situaciones más difíciles, Dios fortalece a quienes confían en él, permitiéndoles continuar en el camino de la fe hacia la vida eterna. Sin Dios, toda lucha está frustrada y condenada a la derrota. ¡Pero qué gran alegría saber que él está con nosotros! A través de Jesucristo, hay perdón de los pecados y la seguridad de la vida eterna con Dios. Ante esto, todo cristiano puede expresar su gratitud con todo su corazón, como hizo el salmista David: «De rodillas, y en dirección a tu santo templo, alabaré tu nombre por tu misericordia y fidelidad, por la grandeza de tu nombre y porque tu palabra está por encima de todo.» (Salmo 138:2).
El Señor es Dios que cuida, salva y sostiene. Escucha y responde a las oraciones, siempre actuando según su perfecta sabiduría. Dios sabe mejor. La mayor prueba de su amor y fidelidad fue enviar a Jesús al mundo para redimir a la humanidad. Por causa de Cristo, Dios escucha y actúa en nombre de sus hijos.
David experimentó esto: «Cuando te llamé, me respondiste, y mi alma desfallecida se llenó de vigor.» (Salmo 138:3). ¿Cuántas veces nos sentimos débiles, sobrecargados o sin rumbo? ¿Y cuántas veces, al buscar a Dios en la oración, recibimos la fuerza que solo Él puede dar? El Señor está presente en todas las circunstancias, renovando la fe y fortaleciendo a quienes confían en él. Ama a cada persona y quiere que todos estén con él para siempre. ¡Alabado sea su santo nombre!
Oremos: Bondadoso Dios, te damos las gracias por tu amor. Ayúdanos a exaltar tu santo nombre, confiando en tu soberanía sobre todas las cosas. Tu eres nuestro mantenedor en todo momento. Fortalécenos en la fe en Cristo Jesús. En su nombre. Amén.
Autor: Tiago Braga Schneider
