
Lectura: «¡Bienaventurados son los que en él confían!» (Salmo 2:12)
¿Alguna vez has tenido la impresión de que las personas que hacen el mal tienen más privilegios que las que hacen el bien? ¿Alguna vez has tenido la experiencia de sufrir una injusticia y pensar que no vale la pena caminar correctamente? Esta experiencia es bastante común en los seres humanos.
Sin embargo, lo que nos enseña el Salmo 2 es que, a pesar de ello, Dios tiene el control del mundo en sus manos. Pero no controla las cosas como pensamos. Controla según su designio. La forma en que Dios controla las cosas podemos ver en la vida y obra de Jesús. Este salmo es conocido como uno de los salmos que se refiere a la venida del Mesías.
Cuando Jesús vino al mundo, no llegó en forma de un rey todopoderoso. Vino con humildad. Nació siendo un niño pobre, lejos de los palacios reales. En su vida, ayudaba a los necesitados, enseñaba sobre el amor de Dios y caminaba por lo que podría llamarse la periferia de la sociedad. Fue perseguido y asesinado como si fuera un malhechor. Nada, hasta su muerte en la cruz, parecía glorioso.
Pero Jesús venció a la muerte y resucitó. Ascendió al cielo y prometió que volvería para juzgar a los vivos y a los muertos. Confiar en Dios es el camino más sabio que puede haber. El Salmo termina con las palabras: «¡Bienaventurados son los que en él confían!» (Salmo 2:12).
Si te sientes tentado a abandonar la fe porque tienes la impresión de que el mal está ganando en este mundo, mira a Jesús. Él, el Hijo de Dios, fue victorioso. Quienes confían en él saldrán victoriosos con él.
Oremos: Amado Padre celestial, perdóname por dudar de tu amor y poder. Mantenme siempre bajo tu protección. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Erní Walter Seibert
