
Lectura: «A los humildes los enaltece, y a los afligidos los consuela.» (Job 5:11)
El dolor de la nostalgia aprieta enormemente el pecho cuando perdemos a alguien a quien amamos. El dolor del duelo es un dolor muy personal y cada uno tiene su propia manera de sentir ese dolor. Por eso, al consolar a alguien, no decimos: «Sé lo que sientes», sino «Mis sentimientos». Demostrar comprensión sincera y acogimiento es un acto de compasión, algo que Job, uno de los hombres que más sufrió en la historia, nos enseña.
Job perdió casi todo, pero encontró un refugio seguro en Dios. Escribió: «A los humildes los enaltece, y a los afligidos los consuela.» (Job 5:11). Esa promesa es para nosotros también. Si estás enfrentando el dolor de la nostalgia, recuerda: Dios no te abandona. Está a tu lado, secando tus lágrimas y sosteniéndote con amor y gracia.
¡Pero hay más buenas noticias! Dios no solo nos consuela en el duelo, sino que nos da esperanza eterna. En Jesucristo, estamos seguros de que la muerte no es el final. El propio Job dijo: «Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará del polvo.» (Job 19:25). Jesús es nuestro defensor. Venció la muerte por nosotros y prometió vida eterna a todos los que confían en él. Así como Job experimentó la fidelidad de Dios, nosotros también podemos vivir con esperanza, sabiendo que algún día nos reuniremos con quienes ya partieron en la fe.
Oremos: Dios amado, que tu Palabra nos consuele en momentos de tristeza y nos fortalezca con la seguridad de la vida eterna en Jesucristo. Incluso en medio de las lágrimas, ayúdanos a ver la belleza de la esperanza que tenemos en ti, confiando en la resurrección y la vida eterna. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Clóvis V. Gedrat
