
Lectura: «Gocémonos en la esperanza, soportemos el sufrimiento, seamos constantes en la oración.» (Romanos 12:12)
El apóstol Pablo, al final de su carta a los romanos, nos presenta ejemplos de amor genuino y verdadero. Después de enseñar cómo somos alcanzados por el amor de Dios y aceptados por Él a través de la fe en Jesús, Pablo nos guía hacia direcciones claras, como un collar de perlas preciosas.
Entre estas perlas, destaca la esperanza alegre, diciendo: «Gocémonos en la esperanza, soportemos el sufrimiento, seamos constantes en la oración.» (Romanos 12:12). Alguien ha dicho que, si los cristianos vivieran su fe con alegría, no necesitarían decir nada más al mundo. Por un lado, la fe cristiana no traslada al creyente a un mundo de rosas; por otro, muchos cristianos viven como si Dios no existiera, no se importase con ellas y no siempre estuvo dispuesto a atenderles. Lo que debería ser una vida de acción de gracias y alegría es un muro de lamentos.
Pero, ¿cuál es esa esperanza gozosa de la que habla el apóstol Pablo? Es la certeza de la salvación en Cristo. En el capítulo 12 de su carta a los romanos, Pablo habla de las misericordias de Dios que nos han alcanzado, nos han sacado de las tinieblas y nos han llevado al Reino de Dios. Fuimos traídos de la muerte a la vida. En el Bautismo, morimos a nuestra vida vieja sin esperanza ni alegría y fuimos llevados a la esperanza alegre de la vida eterna con Jesús.
Esta vida comenzó en la pila bautismal y se extiende hasta la eternidad del cielo. Dios, en Cristo, nos amó de una manera especial, entregándole a la muerte en la cruz en nuestro lugar. Ahora, gracias a sus misericordias reveladas ante nosotros, somos llevados a una nueva vida, diferente de la vida sin esperanza y sin Dios.
Oremos: Señor Jesús, llena mi corazón con la gozosa y alegre esperanza de la vida eterna. Amén.
Autor: Silvio Ferreira da Silva Filho
