
Lectura: «Sábelo bien: el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman y cumplen sus mandamientos, hasta mil generaciones» (Deuteronomio 7:9)
Poco antes de morir y aún muy lúcido, un anciano cristiano preguntó al pastor: «¿Realmente seré salvo? Recuerdo tantos pecados en mi vida y temo no recibir perdón por ellos.» El pastor experimentado respondió con ternura: «Querido hermano, Dios conoce tus pecados, pero Él te asegura que todos están perdonados. Ese perdón viene de Jesús, el Salvador a quien has confesado a lo largo de tu vida. Y el Salvador está contigo. Solo piensa en él ahora. Olvida tus pecados y ten paz.» Poco después, ese cristiano falleció. Antes de cerrar los ojos, levantó la vista y, casi con una sonrisa, murmuró: «Gracias, mi Salvador.»
¿Por qué dijo el pastor eso con tanta convicción? Porque sabe que Dios nunca dejará de ser fiel. Ser fiel significa cumplir siempre las promesas hechas. En el bautismo, Dios hizo un pacto con ese hombre, garantizando ser su Dios y Salvador en la persona de Jesucristo. Este pacto permanece inquebrantable, porque «el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman y cumplen sus mandamientos, hasta mil generaciones» (Deuteronomio 7:9).
Por fe en Jesús, estamos en alianza con el Señor, el único Dios. Cuando recordamos nuestros pecados, sentimos dolor y vergüenza. Pero nadie borra el resultado de la obra salvadora de Jesús. Busquemos en él el perdón y la paz. Estos regalos están garantizados por Dios, que «es fiel y cumple su pacto.» No sabemos cómo será el momento de nuestra muerte, pero ¿por qué no desear que nos encontrara murmurando, «Gracias, mi Salvador»?
Oremos: Señor Jesús, ayúdame a confiar en tu fidelidad y a descansar en la certeza de tu alianza de amor. En tu nombre. Amén.
Autor: Paulo Moisés Nerbas
