
Lectura: «Pero una noche en que Salomón dormía en Gabaón, el Señor se le apareció en sueños y le dijo: «Pídeme lo que quieras que yo te conceda.» (1 Reyes 3:5)
«¡Abramos las puertas de la esperanza!» Esta frase era una característica de un programa de televisión en el que la gente enviaba cartas expresando sus necesidades, deseos y sueños, con la esperanza de que algún bienhechor los cumpliera, lo cual no siempre ocurría.
Hace unos tres mil años, el joven rey Salomón vivió una historia similar. El texto dice: «Pero una noche en que Salomón dormía en Gabaón, el Señor se le apareció en sueños y le dijo: «Pídeme lo que quieras que yo te conceda.» (1 Reyes 3:5). ¡Qué propuesta tan tentadora! Necesidades, deseos y sueños al alcance de Salomón. Bastaba con pedirle a Dios.
¿Cómo reaccionarías ante una propuesta así? ¿Qué le pedirías a Dios? ¿Ganar mucho dinero? ¿La cura para una enfermedad? Salomón nos sorprende. No pide riquezas, ni éxito, ni poder. Simplemente pide: ”Yo te pido que me des un corazón con mucho entendimiento para gobernar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo. Porque ¿quién es capaz de gobernar a este pueblo tan grande?” (1 Reyes 3:9).
Dios se complace con la petición y le responde: «Te daré sabiduría y entendimiento» (1 Reyes 3:12). Las puertas de la esperanza se abrieron a Salomón. Dios, su bienhechor, concedió la sabia petición.
Un nuevo año está comenzando. Con ella, brotan nuevos sueños en nosotros. Como Salomón, «las puertas de la esperanza» siempre estarán abiertas para quienes entreguen sus caminos a Dios. Él escucha nuestras oraciones y las responde según su sabiduría.
Con esta certeza, podemos caminar con fe, sin importar lo que nos suceda, porque el propio Jesús, que abrió las puertas de la esperanza del cielo para nosotros con su muerte y resurrección, estará con nosotros «hasta el fin de los tiempos» (Mateo 28:20).
Oremos: Dios amado, enséñanos a orar y a pedir la sabiduría que solo tú puedes darnos. Por Jesús. Amén.
Autor: Thomas Heimann
