
Lectura: «Todas las generaciones celebrarán tus obras, y darán a conocer tus grandes proezas.» (Salmo 145:4)
«Cuando la iglesia se vuelve opcional para los padres, se vuelve innecesaria para los hijos.» Esta frase anónima, que circula por las redes sociales, retrata una triste realidad de nuestros días. Desgraciadamente, para muchos, la iglesia, la Palabra de Dios y los compromisos sagrados han dejado de ser prioridades. Se les ve como algo secundario, sin la seriedad y dedicación que merecen.
El Salmo 145 nos invita a reflexionar sobre esta realidad. El rey David señala la grandeza de Dios, destacando su «gloria y majestad», sus «grandes actos» y su «inmensa bondad». Cuando reconocemos estas maravillas, nuestras vidas se transforman en alabanza a Dios por todo lo que es y hace, ya sea en nuestra familia, en nuestra iglesia o en nuestras propias vidas.
La mayor de todas las bendiciones que Dios nos da es su Hijo, Jesucristo, nuestro Salvador. Vino a nuestro encuentro para ofrecernos pleno perdón, paz de corazón y a la conciencia, y la alegría que emana del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu nos ayuda a contemplar la grandeza de Dios y a vivir una vida de alabanza.
Como declaró David: «Todas las generaciones celebrarán tus obras, y darán a conocer tus grandes proezas.» (Salmo 145:4). Debemos seguir ese ejemplo compartiendo el inmenso amor y la salvación de Dios con nuestros hijos y las futuras generaciones.
Oremos: Amado Dios, gracias por todo lo que nos has dado y por permitirnos, en tu gracia, una vida feliz en Jesús. Mantennos en la fe, para que podamos vivir bajo tu bendición y alabemos tu grandeza todos los días. Por Jesús. Amén.
Autor: Luiz Osmar Krachinski
