
Lectura: «¡Alabemos al Señor, porque él es bueno! ¡Su misericordia permanece para siempre!.» (Salmo 136:1)
Dicen que, tiempo atrás, las cosas estaban hechas para durar; hoy, ya no. Puede que hayas oído algo así y quizá estés de acuerdo. Cuando nos acostumbramos a una nueva tecnología o concepto, pronto surge otra innovación y necesitamos aprender nuevas palabras para nuevas situaciones.
Esto se vuelve aún más preocupante cuando las relaciones humanas también pierden su durabilidad. La fidelidad y el compromiso, que antes eran para siempre, se vuelven cada vez más temporales.
Con Dios es diferente. Su amor no es pasajero, sus promesas no son temporales. El Salmo 136 dice: «¡Alabemos al Señor, porque él es bueno! ¡Su misericordia permanece para siempre!.» ¡El amor de Dios perdura para siempre! No corres el riesgo de que Dios cancele tu perdón o tu salvación.
Aunque Dios es el Creador de todo y el ser más poderoso, nos mira, seres humanos imperfectos, con un amor inquebrantable. Demostró esta bondad desde el principio, cuando no abandonó a Adán y Eva, sino que prometió que su amor sería mayor que el castigo. Y este amor se hizo humano: Jesús, el Todopoderoso que se hizo débil, murió y resucitó para salvarnos.
Por eso, cuente siempre con el amor de Dios. Confía en Jesús para el perdón, la esperanza y la salvación. Alaba al Señor cada día, porque es bueno y su amor perdura para siempre. Y en gratitud, ama a tu prójimo con la misma fidelidad con la que Jesús te ama a ti.
Oremos: Querido Señor, sé que te necesito, porque a menudo fallo en amar a tu Palabra y a mi prójimo. Que por la fe en Jesús, cuente siempre con tu amor. En el nombre de Cristo. Amén.
Autor: Rafael Juliano Nerbas
