
Lectura: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.» (Mateo 5:3)
«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.» (Mateo 5:3) – con esta poderosa frase, Jesús comienza el famoso Sermón del Monte. Esta afirmación marca el tono de todo el mensaje que vendría después: un llamado a la verdadera felicidad. Pero, ¿cómo lograr esa felicidad que tanto buscamos?
Jesús nos señala directamente a Dios, la fuente de la felicidad, el propósito y el sentido de la vida. Nos enseña que el acceso a esta felicidad eterna es sencillo: basta con creer en él como el Salvador enviado para pagar la culpa por los pecados de todo el mundo. Ser «pobre de espíritu» significa reconocer nuestra limitación humana y depender totalmente de Dios.
Esta perspectiva contrasta con la visión común de la felicidad, de ser bienaventurado, que a menudo se asocia con la posesión de riqueza o la incansable búsqueda de estatus. Jesús nos revela que la verdadera felicidad es algo que surge de un corazón humilde y arrepentido que confía plenamente en el amor y el cuidado de Dios. Ser bienaventurado no depende de nuestra posición social ni de circunstancias externas. Está disponible para todos aquellos que reconocen su necesidad de Dios y confían en el perdón de Jesucristo.
Solo Jesús, con su amor y misericordia infinitos, puede conceder alivio del dolor, renovar la esperanza y dar acceso al Reino de los Cielos. Esta felicidad es para mí, para ti, para todos los que se ponen bajo la gracia de Dios, y así seremos bienaventurados.
Oremos: Querido Padre, gracias por la fe que me hace reconocer mi total dependencia de ti. Bendíceme con los frutos del Espíritu, para que yo también pueda ser una fuente de amor y esperanza para los demás. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Eltton Zielke
