
Lectura: «Yo te espero, Señor, con toda el alma, como esperan los centinelas la mañana, como esperan los vigilantes el nuevo día.» (Salmo 130:6)
¿Alguna vez has estado en una de esas situaciones en las que el tiempo parece no pasar? No dejamos de mirar el reloj, ansiosos por el momento que llegue y, a veces, incluso tememos que pase algo malo y acabe alterando el final. Puede ocurrir en un juego, en un viaje o incluso en alguna situación peligrosa.
Toda espera se hace angustiante cuando no tenemos la certeza de lo que vendrá al final. Pero cuando esperamos en Dios, el buen desenlace ya está asegurado. Por eso dice el salmista: «Yo te espero, Señor, con toda el alma, como esperan los centinelas la mañana, como esperan los vigilantes el nuevo día.» (Salmo 130:6).
La noche tiene sus peligros y el cansancio de la vigilia puede ser grande. Pero tan seguro como el amanecer es la llegada de la ayuda que viene de Dios. En las largas noches de nuestras vidas, la ayuda y el alivio pueden parecer demorado o lejanos, pero están garantizados por Dios, que es señor del tiempo y siente un amor inmenso por todos los que confían en él. La prueba de esto está en la cruz de Jesús y su resurrección, que llegó tras milenios de espera, pero ocurrió en el tiempo cierto. A pesar de toda la oscuridad por la que pasó la humanidad, Jesús hizo brillar la luz de la gracia divina sobre todas las naciones.
¿Estás angustiado o cansado? Recuerda a quien tiene todo el tiempo en sus manos. Acompaña cada minuto de tu vida con amor y te dará el descanso y alivio que necesitas. Esto es tan seguro como el sol, que se eleva cada día sobre ti.
Oremos: Señor Amado, tienes mis días y noches en tus manos. No dejes que me supere el cansancio, el miedo o la ansiedad. Fortalece mi confianza en ti por la acción de tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Herivelton Regiani
