
Lectura: «María dijo entonces: «Yo soy la sierva del Señor. ¡Cúmplase en mí lo que has dicho!» Y el ángel se fue de su presencia.» (Lucas 1:38)
Recibir un anuncio de algo inimaginable puede generar dudas sobre la veracidad de la noticia o la honestidad del mensajero. Sin embargo, la forma en que llega el mensaje marca toda la diferencia. El ángel Gabriel anunció a María que había recibido la bondadosa gracia de Dios. Aunque al principio estaba perturbada y confundida, María escuchó atentamente. Tras la explicación detallada del ángel Gabriel, María entendió que sería la madre del Salvador. El nacimiento de Jesús sería el cumplimiento de la promesa de Dios hecha en el Edén y a lo largo de la historia.
María, confiada y humilde, aceptó su vocación como madre de Jesús y dijo: ««Yo soy la sierva del Señor. ¡Cúmplase en mí lo que has dicho!» Y el ángel se fue de su presencia.»_ (Lucas 1:38). Su humildad nos inspira, mostrando que dependemos igualmente de la maravillosa gracia de Dios, que no nos abandona cuando enfrentamos las circunstancias más difíciles de la vida. En la confianza de María, vemos la invitación de Dios para que también acojamos su palabra de amor, perdón y salvación.
El corazón humano, debido a su naturaleza pecaminosa, no comprende plenamente el amor de Dios y piensa que debe hacer algo para merecerlo. Sin embargo, solo hay una respuesta coherente a este amor: acoger con confianza y humildad la palabra de salvación que da vida en Cristo Jesús, que Dios ha elegido proclamarnos. Este mensaje es real y nos llega ahora. Por tanto, haz como hizo María el día que recibió la noticia del ángel Gabriel: confía y vive en la palabra de salvación en Cristo.
Oremos: Salvador bondadoso, sigue proclamando el mensaje de salvación en Cristo, de quien hemos recibido la vida eterna. Amén.
Autor: Horst Siegfried Musskopf
