
Lectura: «¡Dios todopoderoso, ¡haz que volvamos a ser lo que fuimos! ¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo!» (Salmo 80:7 DHH)
La dedicación y la prolijidad son requisitos básicos para quienes quieren prosperar. El sueño de la prosperidad es fuerte en el corazón humano. Cuando las personas pierden sus posesiones, vuelven a la lucha por recuperar lo que se perdió.
El autor del Salmo 80 expresa este deseo en su oración: «¡Dios todopoderoso, ¡haz que volvamos a ser lo que fuimos! ¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo!» (Salmo 80:7 DHH). Él recuerda cómo Dios liberó a los israelitas de la esclavitud, los condujo a una tierra fértil y los bendijo. Sin embargo, al despreciar las enseñanzas de Dios, el pueblo sufrió las consecuencias y cayó en manos de adversarios. Cuando se perdió la prosperidad, llegó el anhelo y la nostalgia de tiempos de bendición y el deseo de empezar de nuevo.
Si has sido bendecido con la prosperidad, da gracias a Dios y pide sabiduría para invertir tus bienes en tu familia, tu prójimo y la iglesia. Si fuiste próspero, pero perdiste tus posesiones, confía en la misericordia de Dios, porque Él puede restaurar lo que se perdió, si esa es su voluntad. Y si nunca has conocido la prosperidad, ruega al Señor, confiando en que siempre te dará lo mejor.
Prósperos o no, todos dependemos de la misericordia de Dios. Nuestra codicia e ingratitud ofenden a Dios. Sin embargo, Él ha investido en nosotros el mayor bien de todos: su Hijo Jesús. Con su sufrimiento, muerte y resurrección, Jesús ha borrado nuestras faltas. Y nos promete la mayor de todas las riquezas: la vida eterna en el cielo. Ser verdaderamente prósperos es confiar en la misericordia de Jesús.
Oremos: Oh Dios, gracias por todo lo que me has dado, especialmente al Salvador Jesús. Perdona mi codicia y mi egoísmo. Que mi confianza en Ti prospere. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Arno Bessel
