
Lectura: «Señor, tú me has examinado y me conoces; tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso!» (Salmo 139:1-2)
Cuando el coche se avería, lo llevamos al mecánico. Cuando nuestra mascota enferma, buscamos a un veterinario. Cuando una prenda de ropa necesita reparación o ajuste, buscamos a una costurera o modista. Y si una máquina falla, recurrimos a un técnico especializado. Estas situaciones pueden parecer obvias, pero siempre es bueno recordar: nadie mejor que un profesional, que sabe lo que hace, para resolver nuestros problemas.
¡Con los seres humanos, no sería diferente! ¿Y quién mejor para conocernos y ayudarnos que Dios mismo, que nos dio la vida? El salmista declara: «Señor, tú me has examinado y me conoces; tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso!» (Salmo 139:1-2).
Dios no solamente nos conoce profundamente, sino que también vino al mundo en Jesucristo, experimentando todas las alegrías y dificultades que forman parte de nuestra existencia humana. Nuestro Dios bondadoso conoce bien las luchas que enfrentamos y siempre está dispuesto a socorrernos, especialmente en relación con el daño que el pecado nos hace. A través de Jesús, otorga perdón, vida y salvación a quienes le buscan. Qué maravilloso es saber que tenemos un Dios que conoce la parte más íntimo de nuestro ser y, más que eso, tiene el poder de levantarnos y ayudarnos en cualquier situación.
Oremos: Dios misericordioso, tú que me conoces tan bien, sabes que no puedo resolver nada en esta vida sin tu ayuda. Ayúdame a caminar siempre a tu lado. Por amor de Jesús, mi buen pastor. Amén.
Autor: Aramis Hoffmann Jacoby
