
Lectura: «El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él.» (2 Pedro 3:9)
Las capitanías fluviales establecen que las personas deben llevar chalecos salvavidas en embarcaciones motorizadas. La determinación apunta a la seguridad de todos. Si la gente cae al agua, puede salvarse.
Con la caída en el pecado, toda la humanidad corre el peligro de ahogarse eternamente en el infierno. Sin embargo, Dios, en su paciencia y amor, le dio un «chaleco salvavidas»: su Hijo Jesús. Sufrió, murió en la cruz y resucitó para que todas las personas se aferraran a él por fe y sean salvadas.
Lamentablemente, muchos rechazan a Jesús como su chaleco salvavidas. Prefieren creer que sus buenas acciones o capacidades garantizarán una vida mejor después de la muerte. Pero Dios tiene paciencia: envía a los cristianos a proclamar el mensaje de Jesús, para que el Espíritu Santo actúe en el corazón de los incrédulos, guiándolos al arrepentimiento y a la fe.
¿Y por qué hace Dios todo esto? «El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él.» (2 Pedro 3:9).
Por tanto, proclamemos el mensaje de Jesús para que más personas puedan tener el perdón de los pecados y la fe en Jesús. Como advierte el apóstol Pablo: «En el momento oportuno te escuché; en el día de salvación te ayudé. Y éste es el momento oportuno; éste es el día de salvación.» (2 Corintios 6:2).
Siendo Dios tan bondadoso, tenemos a Jesús como nuestro chaleco salvavidas, así que no nos perderemos eternamente, sino que tendremos la vida eterna.
Oremos: Querido padre, es maravilloso saber que quieres salvar a todos. Capacítame para llevar este mensaje a otras personas, invitándoles al arrepentimiento y a la fe en Jesús. En su nombre. Amén.
Autor: Leonerio Faller
