
Lectura: «Pues si los que van a recibir la herencia se basan en la ley, la fe resulta vana y la promesa queda anulada.» (Romanos 4:14)
La vida nos enseña lo pequeños y frágiles que somos ante la adversidad. A diario, nos bombardean con información, especialmente en las redes sociales, que nos deja confundidos, sin saber a quién creer. Las noticias y amenazas a las que nos enfrentamos nos llenan de miedo. En estos momentos, surge una pregunta: «¿Por qué Dios no nos responde?»
Somos tentados a pensar: «No vale la pena creer, porque nada cambia». Esta idea se vuelve aún más fuerte cuando pensamos que la fe es un «chasquido mágico de dedos». Hay quienes dicen: «Con la fe, las cosas suceden». Y si no pasa nada, la conclusión es que la fe no es lo suficientemente firme. Otro error común es creer que quienes tienen fe nunca enfrentarán la lucha o el sufrimiento y siempre serán victoriosos.
Abraham nos muestra otra perspectiva. Incluso en medio de circunstancias totalmente adversas, Abraham no dudaba. Confiaba en Dios, cuando, desde un punto de vista humano, no había esperanza. Su fe no se basaba en sí mismo, sino en la promesa de Dios. El apóstol Pablo explicó que el mérito no estaba en Abraham: «Pues si los que van a recibir la herencia se basan en la ley, la fe resulta vana y la promesa queda anulada.» (Romanos 4:14). Todo el mérito es de Jesús, que «el cual fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.» (Romanos 4:25).
Oremos: Querido Padre, tal como hiciste con Abraham, fortalece mi fe, para que pueda confiar plenamente en ti y ser aceptado a través de lo que Jesús conquistó en la cruz. En su nombre. Amén.
Autor: Jossemar Schulz dos Santos
