
Lectura: «Misericordia y verdad son los caminos del Señor para quienes cumplen fielmente su pacto.» (Salmo 25:10)
Hay momentos turbulentos en la vida en los que nos sentimos perdidos. El dolor y sufrimiento intensos nublan nuestra visión, llena de incertidumbres, provocando la sensación de soledad y dejándonos confundidos sobre la acción amorosa de Dios.
En el Salmo 25, David relata que está viviendo un momento así. Menciona la amenaza de «enemigos», «derrotas», «vergüenza» y «deshonra». Aunque David depositaba toda su confianza en Dios y expresaba su total dependencia del Señor, las aflicciones le dificultaban ver la acción amorosa de Dios. Por eso, en medio de la niebla, su fe le hizo pedirle al Señor: «¡Enséñame a seguir tus sendas!» (Salmo 25:4). Su petición es que se aclare la «verdad», «bondad», «amor» y «justicia» del Señor.
David no estaba solo. Lo expresa en voz alta, recordándose la promesa de Dios: «Misericordia y verdad son los caminos del Señor para quienes cumplen fielmente su pacto.» (Salmo 25:10). Tampoco estás solo. Aunque la turbulencia de la vida te quite el suelo bajo los pies, Dios es fiel y guía con amor nuestros pasos a través de la niebla.
Jesús vino al mundo, sufrió nuestras tribulaciones, llevó nuestro pecado sobre sí y murió en una cruz para que pudiéramos ver claramente su bondad y su amor. Si tu visión se nubla, mira la cruz y ve el amor de Jesús por ti. Mira también la resurrección prometida por el Señor a «todos los que son fieles a su pacto» de perdón (Salmo 25:10). No estamos solos, Jesús ha resucitado y nos guía en las turbulencias.
Oremos: Querido Dios, que nuestros ojos vean siempre con claridad tu amor y tu bondad, especialmente en los días de aflicción. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Ismael Isaque Verdin
