
Lectura: «Pedro y los apóstoles respondieron: ‘Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.'» (Hechos 5:29)
¿Cómo reaccionarías si se te prohibiera hablar de tu fe? Antes de ascender al cielo, tras cumplir su misión para nosotros, Jesús dejó el mandato de dar testimonio de la salvación a todas las personas. En el Evangelio de Mateo, declaró: “Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” (Mateo 28:19). Esto es lo que hicieron los primeros cristianos, enseñaron y bautizaron a la gente, difundiendo la victoria de Cristo aquí en este mundo. Sin embargo, los discípulos de Jesús sufrieron persecución y muchos intentos de silenciar el mensaje de Jesús.
Cierta vez, a los apóstoles se les prohibió proclamar la salvación en Cristo. Incluso ante el peligro, se mantuvieron firmes y siguieron siendo testigos. En el libro de los Hechos leemos: «»Pedro y los apóstoles respondieron: ‘Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.'» (Hechos 5:29). En lugar de ceder al miedo, sabían que el Señor estaría con ellos en esta lucha por el testimonio, y dijeron con valentía a sus perseguidores: «El Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús, el mismo al que ustedes mataron y colgaron de un madero.» (Hechos 5:30).
La verdad sobre nuestro pecado y la salvación a través de Cristo debe ser anunciada. Jesús se entregó por amor a nosotros, entregando su vida en la cruz para pagar por nuestros pecados. Esta certeza nos motiva y anima a llevar al mundo la solución que tanto necesita: el amor de Jesús.
Oremos: Señor Jesús, pido perdón por las veces en que dejé de dar testimonio de la salvación. Gracias por tu obra en la cruz en favor de la humanidad. Que tu amor motive mi corazón para seguirte fielmente y proclamar tus hechos maravillosos. En tu nombre. Amén.
Autor: Ezequiel Blum
