
Lectura: «¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Sólo su nombre merece ser exaltado! ¡Su gloria domina los cielos y la tierra!» (Salmo 148:13)
¡Qué bueno es recibir bendiciones en la vida! Pero, ¿siempre recordamos estar agradecidos por todos los regalos que hemos recibido? La Biblia nos invita repetidamente a la gratitud, llamándonos a alabar a Dios por todo lo que es y hace por nosotros. Toda la creación, en el cielo y en la tierra, está llamada a participar en esta alabanza, que tiene el amor de Dios como centro.
En el Salmo 148 leemos: «¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Sólo su nombre merece ser exaltado! ¡Su gloria domina los cielos y la tierra!» (Salmo 148:13). Nuestro Dios es maravilloso, infinito en bondad y misericordia.
La razón de nuestra alabanza está en Dios mismo – en quién es y en lo que hace por amor a nosotros. Él es el Creador de todo, sostiene nuestras vidas y nos fortalece en nuestro caminar (Salmo 148:14). Por encima de todo, es el único Dios verdadero, que nos amó tanto, a tal punto, que se entregó por nosotros.
Este Dios nos invita a alabarle, porque es digno de toda gratitud. Su amor por nosotros es tan grande que entregó a su Hijo, Jesucristo, para que muriera en nuestro lugar en la cruz.
Esta obra de Cristo nos motiva a alabar el nombre del Señor, pues la esencia de Dios es el amor, y Él ha hecho todo lo necesario para guiarnos por el camino que conduce al cielo. Por tanto: «¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Sólo su nombre merece ser exaltado! ¡Su gloria domina los cielos y la tierra!» (Salmo 148:13).
Oremos: Señor Dios, Padre bondadoso, alabamos tu nombre por tu bondad, especialmente por la salvación que tenemos en Jesucristo. Perdona nuestros pecados y las veces que olvidamos de darte las gracias. Guía nuestras vidas para que siempre podamos alabarte según tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Ezequiel Blum
