
Lectura: «Todavía estaban ellos hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz sea con ustedes!»» (Lucas 24:36)
«Solo quiero paz», dice la canción del cantante brasilero Tim Maia. Esta frase refleja el deseo de muchas personas en un mundo tan ajetreado y voluble. En medio de tantos compromisos, presiones y cargas, anhelamos descanso para el cuerpo, paz para la mente y alivio para el alma. Para el torbellino de ideas que surgen en tu cabeza, para todas las tendencias de los expertos en redes sociales que te enseñan a vivir la vida y ser feliz, solo queremos paz.
Ahora imagina a los discípulos de Jesús en el domingo de la resurrección. Aún lidiaban con el impacto de la crucifixión, ocultos por el miedo y la vergüenza, cuando empezaron a surgir relatos extraordinarios: ¡el Maestro estaba vivo, había resucitado! Dos discípulos afirmaron haber caminado y comido con él en el camino a Emaús. Ahora están reunidos en una casa. Todos juntos y toda esa situación revoleando en la cabeza: «¡Oh, quiero paz!» Y tranquilidad llega en forma de persona y proclama: «¡La paz sea con ustedes!» (Lucas 24:36). Sí. Es la paz de Dios para el mundo, en carne y hueso, pidiendo un poco de comida. Es como si todo el ruido del entorno se hubiera absorbido y de repente se hubiera convertido en el silencio más tranquilo. ¡Ah, por fin la paz!
Incluso hoy, Jesús quiere ser la paz en su vida tumultuosa, ocupada y sufriente. Quiere darte la paz que el mundo no puede dar. La paz que te hace caminar en tranquilo, con firmeza y confianza, a pesar de todo. Porque, francamente, solo queremos tener paz. Y esta verdadera paz solo Jesús puede dar.
Oremos: Señor Jesús, calma mi alma y dame tu paz, para que pueda caminar seguro y confiado en tu presencia. Amén.
Autor: Jaques Cristiano Schlosser
