
Lectura: «Cuando Jesús probó el vinagre, dijo «Consumado es»; luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.» (Juan 19:30)
Pocas palabras traen tanto alivio como estas: «deuda saldada». Ya sea en el préstamo, en la tarjeta o en la financiación, cuando escuchamos que todo está pagado, un peso se quita de encima. Respiramos libertad de nuevo.
Eso es lo que dijo Jesús en la cruz. Cuando Juan registra las últimas palabras del Salvador: «Cuando Jesús probó el vinagre, dijo «Consumado es»; luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.» (Juan 19:30); no solo está narrando la agonía final de un hombre crucificado. Está anunciando el fin de una deuda. La palabra que usaba Jesús allí «consumado es» era una expresión común en las prácticas comerciales de la época. Se utilizaba en recibos y contratos pagados. Significaba: «pagado íntegramente».
En la cruz, Jesús no solo sufrió. Pagó la deuda que nosotros nunca pudimos saldar. La deuda del pecado, acumulada en cada acto de egoísmo, injusticia, incredulidad, orgullo. La cruz no fue solo un error judicial romano. Fue un pago intencional. Una transacción de valores. Al morir por nosotros, nuestra deuda con Dios fue pagada y la reconciliación se firmó con su sangre. Lo que era imposible para nosotros, Dios lo hizo a través de Cristo.
Ahora, cuando la culpa intenta cobrar intereses a un pasado ya perdonado, cuando la vergüenza llama a la puerta o cuando el miedo al juicio pesa en el corazón, puedes recordar la cruz. Recuerda el recibo de alta escrito con sangre y la voz firme del Salvador: «Consumado es.»
Oremos: Querido Salvador Jesús, te doy gracias por saldar mis deudas con Dios en la cruz del Calvario. Concédeme un corazón agradecido dispuesto a servirle. En tu nombre. Amén.
Autor: Mário Rafael Yudi Fukue
