
Lectura: «Entonces Jesús le dijo: Déjala tranquila, que ha guardado esto para el día de mi sepultura.» (Juan 12:7)
Cada año, se gastan millones en campañas contra el desperdicio, fomentando el uso consciente de recursos esenciales como la comida y el agua. Estos bienes exigen nuestra atención y responsabilidad.
Pero ante Jesús, ¿puede haber desperdicio? En una cena en Betania, María unció los pies de Jesús con un perfume muy caro. Judas, uno de los discípulos, consideró este gesto un desperdicio, argumentando que el valor del perfume podía estar destinado a una causa más noble, como alimentar a los pobres.
De hecho, compartir recursos para ayudar a los necesitados es loable, pero verter ese valioso frasco de perfume a los pies de Jesús no fue un desperdicio. Como declaró el propio Señor, María estaba preparando proféticamente su cuerpo para la muerte: «Entonces Jesús le dijo: Déjala tranquila, que ha guardado esto para el día de mi sepultura.» (Juan 12:7).
Jesús estaba a punto de ser entregado y asesinado, ofreciendo, con su sacrificio, el mayor beneficio para la humanidad: la salvación eterna. Así que ese acto aparentemente extravagante fue en realidad una ofrenda de amor y adoración al Señor, llena de significado espiritual.
Ante Jesús, toda verdadera gratitud y devoción jamás serán desperdicio. Podemos soportar las cargas de los demás y ayudar a los necesitados, pero siempre priorizando nuestra adoración a Cristo, entregándonos por completo a Él, reconociendo su sacrificio, que nos trae paz y perdón.
Oremos: Señor Dios, gracias por todo lo que somos y tenemos. Enséñanos a demostrar nuestra gratitud y alabanza a ti de forma práctica y constante. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Gilberto Harnich Jr.
