
Lectura: «Sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres.» (Filipenses 2:7)
La palabra «siervo» es ampliamente utilizada en la Biblia y puede tener diferentes significados. En tiempos romanos, cuando Jesús vivía, el término siervo podía referirse a alguien que servía voluntariamente a otros. Pero normalmente se refería a alguien que se mantenía en un puesto de servidumbre permanente.
En el Antiguo Testamento, muchos hombres importantes eran llamados siervos de Dios, lo que indicaba una posición de honor y humildad ante él. Ser siervo de Dios es un privilegio.
Jesús tenía la naturaleza de Dios, pero en su condición terrenal y humana, no intentó hacerse igual a Dios. En cambio, se humilló y se convirtió en siervo. Como dice el texto de Filipenses «Sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres.» (Filipenses 2:7). Su humildad fue evidente desde su nacimiento, en un establo, a lo largo de su vida entre las dificultades del pueblo, hasta su muerte en la cruz. Todo esto fue un acto voluntario, en favor de la humanidad.
Pero esta actitud de Jesús no quedó sin respuesta. Por su obediencia, fue exaltado y glorificado, y hoy toda la tierra declara que Jesucristo es el Señor. Aquel que se convirtió en siervo reina ahora como nuestro Salvador. Su servir nos trajo la salvación.
Oremos: Señor Dios, te damos gracias por la humildad de Jesús, que renunció a su gloria para salvarnos. Ayúdanos a seguir su ejemplo y a vivir con humildad y amor. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Orlando Mário Konrad
