
Lectura: «Señor, ¡te ruego que vengas a salvarnos! ¡Te ruego que nos concedas la victoria!» (Salmo 118:25)
Cualquier edificio necesita una base sólida para garantizar la seguridad y el equilibrio. Por tanto, debe estar nivelada y respetar la plomada, que son principios básicos en los edificios. De la misma manera, la iglesia de Cristo se describe como un edificio con una base sólida. Sin embargo, esta base, la «piedra más importante de todas», es rechazada por muchos. Cuando desprecias y rechazas la base que da seguridad y equilibrio, estás poniendo en riesgo todo el edificio.
Cristo siempre ha sido la base invisible pero presente en la edificación de su pueblo. En el Antiguo Testamento, esta presencia se celebraba en el templo, a través de los sacerdotes que se acercaban a la presencia del Señor y actuaban como portavoces de la justicia de Dios para el pueblo. Esta justicia, a diferencia de la justicia humana, no se basa en el castigo y la obediencia sino en la gracia, ofreciendo salvación y victoria como dones incondicionales. Esta era la súplica del salmista: «Señor, ¡te ruego que vengas a salvarnos! ¡Te ruego que nos concedas la victoria!» (Salmo 118:25).
El Domingo de Ramos, vemos el cumplimiento de esta promesa: Jesús, la piedra angular, es aclamado como el Mesías, pero rechazado por los líderes religiosos que lo conducen a la cruz. Sin embargo, a través de la cruz, Cristo cumplió el plan de la salvación, restaurándonos a cada uno como «piedras vivas» en este edificio espiritual. Por lo tanto, este es un día de celebración, victoria y alegría.
Oremos: Señor Jesús, nuestra piedra fundamental más importante. Mantennos firmes en la fe de vivir en tu presencia cada día. En tu nombre. Amén.
Autor: Horst Siegfried Musskopf
