
Lectura: «Voy a poner tendones en ustedes, y volveré a cubrirlos de carne y de piel; pondré también el espíritu en ustedes, y volverán a vivir. Así sabrán que yo soy el Señor.» (Ezequiel 37:6)
A veces nos sentimos tan desanimados por los problemas que nos rodean que parece que nos asfixiamos. El libro de Ezequiel fue escrito en una época así. El pueblo de Israel estaba en el exilio babilónico. La nación había sido derrotada, el templo de Jerusalén había sido destruido y muchas personas habían sido llevadas a tierras extranjeras. La esperanza parecía perdida, no había aliento.
Fue en este contexto que Dios dio al profeta la visión del valle de huesos secos, uno de los pasajes más llamativos de la Biblia. En la visión, Dios muestra al profeta su poder para resucitar a los muertos, de dar nuevo aliento a su pueblo. «Voy a poner tendones en ustedes, y volveré a cubrirlos de carne y de piel; pondré también el espíritu en ustedes, y volverán a vivir. Así sabrán que yo soy el Señor.» (Ezequiel 37:6).
Puede que tú, aunque tengas buenas metas, fuerza de voluntad y convicción, sigas viviendo en situaciones en las que te falta aliento, valor y esperanza. Pero no dejes de confiar en Aquel que puede dar vida a huesos secos y restaurar los frágiles. Dios, que te formó desde el vientre de tu madre, conoce, ama y puede ayudarte. No escatimó a Su propio Hijo, Jesús, para vencer la muerte y todo mal en nuestro lugar.
El aliento del Espíritu Santo siempre da nueva vida, generando fe en corazones adormecidos por el pecado. Puede moverse en ti con fuerza, enseñándote a aferrarte a lo que Jesús ha ganado, una victoria completa y definitiva que nadie podrá revertir. El aliento y la fuerza que necesitas están en la Palabra de Dios, llenos de buenas noticias de esperanza.
Oremos: Renueva, Señor, mi aliento y mi fuerza por el aliento de tu Espíritu Santo. Fortaléceme en la gracia y el amor que solo encuentro en Jesucristo. Amén.
Autor: Herivelton Regiani
