
Lectura: «¡Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo!» (Mateo 6:10)
Los conflictos de voluntades forman parte de la vida. Padres e hijos, parejas, jefes y empleados no siempre están de acuerdo, al igual que los gobernantes y gobernados. Estas diferencias son comunes, pero también causan muchos problemas.
En el Padre Nuestro pedimos algo especial: «¡Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo!» (Mateo 6:10). Esta petición refleja nuestra confesión de que a menudo elegimos seguir nuestra propia voluntad, dejando de lado tanto la voluntad de Dios como las necesidades de los demás. Esto se debe a que estamos marcados por la dureza de corazón, la falta de fe, la empatía y el amor por Dios y el prójimo.
Al mismo tiempo, al hacer esta petición, reconocemos la necesidad de un corazón arrepentido que busque vivir según la voluntad de Dios. Jesús nos enseñó esta oración y cumplió perfectamente la voluntad del Padre entregándose por nosotros en la cruz. Nos perdona, transforma nuestros corazones y nos da la oportunidad de vivir de una manera renovada, mejorando nuestras relaciones y capacitándonos para hacer la voluntad divina.
El pastor Martin Luther afirmó que «la voluntad de Dios, en verdad, se hace sin nuestra oración, así que pedimos que también se haga entre nosotros.» Este deseo se manifiesta cuando los malos consejos y los deseos egoístas son reemplazados por la gracia que nos lleva a perdonar, pedir perdón y vivir según la voluntad de Dios.
Que la voluntad de Dios se cumpla siempre en nuestras vidas, trayendo paz a nuestras relaciones y renovando nuestro caminar diario.
Oremos: Padre nuestro que estás en los cielos, ayúdame a vivir según tu voluntad, amando y perdonando como Jesús enseñó. En su nombre. Amén.
Autor: José Daniel Steimetz
