
Lectura: «Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.» (Romanos 5:1)
Tener paz es una necesidad humana. Desde la infancia, hemos buscado ser acogidos por los padres, compañeros y personas a las que admiramos. En la adolescencia, esta necesidad se intensifica, porque queremos encontrar nuestro lugar en el mundo. En la vida adulta, queremos tener paz y ser aceptados por quienes amamos. Cuando escuchamos las guerras, pensamos y oramos para vivir en paz.
Pero hay una paz aún más importante: la paz con Dios. Muchas personas intentan conseguir esta relación por diferentes caminos. Algunos creen que tendrán la paz con Dios por las buenas obras que realizan, y hay quienes piensan que la paz divina depende de restricciones dietéticas o prácticas específicas. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente nos hace tener la paz con Dios? La obra de Jesús en la cruz.
El apóstol Pablo nos trae un mensaje liberador: «Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos también, por la fe, acceso a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios.» (Romanos 5:1-2). Esta verdad nos libera de la carga de intentar ganar el favor divino por nuestros propios méritos, lo cual es imposible para nosotros. Pablo deja claro que es Cristo quien nos da acceso a la gracia, solo por la gracia. Ha conquistado, en nuestro lugar, lo que nunca podríamos lograr.
Confía en la obra de Cristo en la cruz. Él nos concede la salvación, no por nuestro propio esfuerzo, sino por la fe.
Oremos: Bondadoso Dios, gracias por todo lo que ya has hecho por nosotros, especialmente por liberarnos de la condena eterna a través de la obra de Cristo en la cruz. Mantennos, oh Padre, firmes en esa fe. Amén.
Autor: Evandro Bündchen
