
Lectura: «No endurezcan su corazón, como en Meriba, como en el día de Masah, en el desierto.» (Salmo 95:8)
Todos hemos presenciado escenas de niños tercos que resisten las enseñanzas de sus padres y hacen berrinches cuando no consiguen lo que quieren. El pueblo de Israel, como un niño en la fe, también tuvo muchos momentos de terquedad, contrarios a la voluntad de Dios. El salmista registra las palabras del Señor al pueblo: «No endurezcan su corazón, como en Meriba, como en el día de Masah, en el desierto. Allí los padres de ustedes me tentaron; me pusieron a prueba, aunque vieron mis obras. » (Salmo 95:8-9).
Este devocional no pretende juzgar la terquedad de los niños ni la rebeldía del pueblo de Israel. Este pasaje bíblico nos trae una valiosa lección para hoy: la terquedad de la gente en Meribah y Masah ilustra la inclinación humana a resistir la voluntad de Dios, incluso después de haber experimentado sus bendiciones. ¿Cuántas veces también hemos dudado, resistido y somos tercos ante la voluntad del Señor?
La ley de Dios actúa aquí como un espejo, revelando nuestros errores y recordándonos las innumerables situaciones en las que hemos desobedecido al Señor. Pero al mismo tiempo, el evangelio nos señala la gracia y misericordia de Dios. Jesucristo, conociendo nuestra absoluta incapacidad para alcanzar la salvación por nuestros propios méritos, trajo la reconciliación entre nosotros y Dios a través de su obra redentora en la cruz. Que el Espíritu Santo fortalezca nuestra fe y confianza en la gracia divina hoy y siempre.
Oremos: Amado Dios, perdónanos por los momentos de incredulidad y terquedad. Renueva en nosotros la fe en ti y la gratitud por todo lo que has hecho por nosotros. Nos mantiene firmes hasta el final. En Cristo. Amén.
Autor: Evandro Bündchen
