
Lectura: «El hombre y su mujer oyeron la voz de Dios el Señor, que iba y venía por el huerto, con el viento del día; entonces corrieron a esconderse entre los árboles del huerto, para huir de la presencia de Dios el Señor.» (Génesis 3:8)
¿Qué te da miedo? Hay momentos en los que vientos fuertes soplan sobre nuestras vidas, trayendo dificultades. ¿Pero sabías que Dios se ve a sí mismo como un «viento suave»? En Génesis, leemos: «El hombre y su mujer oyeron la voz de Dios el Señor, que iba y venía por el huerto, con el viento del día» (Génesis 3:8). De la misma manera, el profeta Elías, delante del Señor, no le encontró en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un susurro quieto y pequeño (1 Reyes 19:11-12).
A diario, nos enfrentamos a desafíos. Es maravilloso percibir la protección de Dios en situaciones extraordinarias: un accidente evitado, un peligro del que escapamos por poco. Es muy bueno percibir la protección de Dios en las «grandes tormentas».
¿Quieres saber qué es aún mejor? Saber que el Señor nos cuida mientras dormimos y ni siquiera estamos viendo. En cada viaje, en el que no ocurría nada fuera de lo común, el Señor cuidaba de nosotros. Cada día que despiertas, el Señor ha cuidado de ti. Es muy bueno tener a Dios en la suavidad de la vida.
Cuando llegue la tormenta, recuerda: Dios no nos abandona en medio de la oscuridad. Envió a Jesús a enfrentarse a la oscuridad de la crucifixión y a pagar por nuestros pecados. Con el amor de Jesús, «tal vez lloremos durante la noche, pero en la mañana saltaremos de alegría.» (Salmo 30:5). Quizá tu «noche oscura» sea una enfermedad o problemas en tu matrimonio. Puede parecer que la tormenta te hará sucumbir. Pero el Señor volverá a aparecer como un «viento suave». Y puedes decir: «El Señor me bendice continuamente.»
Oremos: Señor misericordioso, fortalece mi fe y dame la paz de tu presencia en todo momento. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Jarbas Hoffimann
