
Lectura: «En el momento oportuno te escuché; en el día de salvación te ayudé. Y éste es el momento oportuno; éste es el día de salvación.» (2 Corintios 6:2)
¡No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy! Ayer ha pasado. No controlamos el mañana. Hoy es el momento de la oportunidad. ¡Identifica necesidades y establece prioridades! Empieza por lo más importante.
¿Has podido evaluar claramente qué es una prioridad, secundario o superfluo en tu vida? Dios nos enseña a hacer esto correctamente, ayudándonos a pensar en la familia, el trabajo, el descanso, el ocio y la eternidad. Di hoy cuánto quieres a alguien. Abrazo. Perdona. Trabaja con dedicación. Disfruta sabiamente de las cosas buenas de la vida. Pero no olvides lo principal: la vida eterna.
«En el momento oportuno te escuché; en el día de salvación te ayudé. Y éste es el momento oportuno; éste es el día de salvación.» (2 Corintios 6:2). Para todo ser humano, la muerte significa la entrada definitiva al destino eterno y el fin de la oportunidad de perdón y salvación eterna. No habrá otra oportunidad. Todo estará definido: bienaventuranza o sufrimiento eterno. Cielo o infierno.
Sabiendo que nuestra vida es breve en este mundo, ¿qué lugar deberían ocupar la eternidad y el Reino de Dios en nuestra escala de prioridades?
¡No lo dejes para mañana! El apóstol Pablo escribió: “Así que somos embajadores en nombre de Cristo, y como si Dios les rogara a ustedes por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: «Reconcíliense con Dios»” (2 Corintios 5:20). Dios te invita a ser su amigo aquí y en la eternidad. Lo hace a través del mensaje bíblico, el bautismo y la Santa Cena. Dio a Jesús, su Hijo unigénito, como sacrificio en la cruz, para que quien crea en él no muera eternamente, sino que tenga vida eterna. No lo dejes para mañana. Hoy es el día de ser salvo.
Oremos: Gracias, Señor, por la oportunidad de la salvación eterna. Perdona mis pecados. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Ernani Kufeld
