
Lectura: «Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado.» (1 Corintios 2:2)
Hoy en día, tenemos varias formas de entretenimiento: series, películas, juegos y espectáculos de todo tipo. En tiempos del apóstol Pablo, uno de los principales medios para atraer al público eran las actuaciones de oradores itinerantes. Podías elegir el tema que quisieras y el espectáculo comenzaba. Se les conocía como los Sofistas, ya que utilizaban un lenguaje sofisticado para entretener a la gente y así ganarse la vida.
Pablo, al sacar este tema, no dice que esté mal o que no tenga valor. Lo que el apóstol está diciendo es que el mensaje que anuncia no es de entretenimiento ni de distracción. El apóstol dice: «Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado.» (1 Corintios 2:2).
La eficacia de este mensaje no está en la forma creativa o articulada de presentarlo ni en el «lenguaje de la sabiduría humana» (1 Corintios 2:4), sino que está en el poder de Dios traer la vida y la salvación eternas a través del fiel testimonio de Cristo crucificado a todos los que lo escuchan y lo reciben en la fe.
Y esa es la buena noticia: nuestra salvación no depende de lo que hagamos, sino de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Dios ha elegido salvarnos mediante el sacrificio de su Hijo, y su gracia nos llega independientemente de nuestro mérito. Jesús pasó por la cruz para que tuviéramos vida eterna y paz con Dios.
Oremos: Gracias, Señor, por levantar personas que proclaman el mensaje de la cruz, el mensaje de Jesús, su muerte y resurrección. Mantennos firmes en esa fe. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Matheus Schmidt
