
Lectura: «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he molestado? ¡Respóndeme!» (Miqueas 6:3)
¿Alguna vez te has parado a preguntarte qué salió mal en una relación? ¿Especialmente cuando ha habido frustración, desobediencia, traición o indiferencia? En estas situaciones, buscamos entender qué ocurrió y dónde fallamos.
A través del profeta Miqueas, el Señor Dios plantea preguntas similares: «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he molestado? ¡Respóndeme!» (Miqueas 6:3). Estas palabras recuerdan a los padres que, frustrados por la desobediencia de sus hijos, intentan entender la razón de sus actitudes. Si lo pensamos bien, también asi debe de estar nuestra relación con el Señor Dios, al fin y al cabo, nos trata como hijos. ¿Dios nos exige demasiado? El profeta Miqueas lo deja claro: «¡Hombre! El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que él espera de ti, y que no es otra cosa que hacer justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.» (Miqueas 6:8).
Dios no requiere más que una vida de amor y justicia como respuesta al inmenso amor que se muestra a favor nuestro. Envió a Jesucristo, su Hijo, a morir en la cruz y pagar por nuestros pecados. Por medio de Cristo, Dios nos perdona y nos llama a vivir según su voluntad, no como una obligación, sino como una expresión de gratitud y amor por su gracia. Por lo tanto, todo lo que Dios exige de nosotros es solo responder a su gran amor perdonador.
Oremos: Querido Dios, gracias por el perdón conquistado en Cristo. Bendíceme para que pueda ver tus orientaciones como señales de tu amor y vivir en obediencia a ti, amando a mi prójimo como a mí mismo. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Julian Carlos Ditchum
