
Lectura: «Pero Cristo, después de ofrecer una sola vez un solo sacrificio por los pecados, para siempre se sentó a la derecha de Dios.» (Hebreos 10:12)
Desde la devoción anterior, hemos estado reflexionando sobre la mano de Dios llena de gracia en nuestras vidas. Primero, hablamos sobre la obra creadora de Dios. Hoy queremos hablar sobre su obra salvadora.
El segundo artículo del Credo Apostólico enseña que Dios dio a su Hijo unigénito para salvar a la humanidad y a toda la creación. En él confesamos: «Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la Virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.»
Aquí tienes un resumen de la vida de Jesús, con especial atención a su obra salvadora. En la cruz, Jesucristo ofreció «un solo sacrificio por los pecados,» (Hebreos 10:12). La humanidad no pudo superar el abismo creado por el pecado que nos separó de nuestro Creador. Solo Dios podía lograr tal hecho, y lo hizo a través de Cristo. La sangre santa y preciosa de Jesús y su inocente sufrimiento y muerte lograron el perdón de los pecados, la vida y la salvación. Estos dones son otorgados libremente por Dios y de ninguna manera pueden ser negociados. Así, la Biblia declara que nuestra salvación es un don, una dádiva y un regalo que nos há dado Dios.
Jesús es el mayor regalo de Dios para el mundo. ¿Pero cómo puedo recibir un regalo tan maravilloso? A través de otro don que Dios nos concede, y sobre él, hablaremos en la siguiente reflexión. ¡No te lo pierdas!
Oremos: Amado Jesús, luz de mi vida, regalo de Dios para mí, te alabo por tu gran amor. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Maximiliano Wolfgramm Silva
