
Lectura: «¡Tus obras, Señor, son innumerables! ¡Todas las hiciste con gran sabiduría! ¡La tierra está llena de tus criaturas!.» (Salmo 104:24)
Todo lo que somos y tenemos son dones dados por Dios. Esta idea puede entenderse mejor a través de los llamados tres artículos del Credo Apostólico, una de las confesiones de fe más antiguas en la iglesia cristiana. En esta y en las reflexiones de los próximos dos días, reflexionaremos sobre esto.
En el primer artículo, confesamos: «Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador de los cielos y de la tierra.» Esto significa que nuestra mera existencia es un regalo de Dios. También significa que Dios creó el maravilloso universo en el que vivimos. Así, todo ser que existe es fruto de la mano lleno de gracia de Dios. De una manera especial, Dios creó a los seres humanos, bendijo al hombre y a la mujer entre sí, y los colocó como cuidadores de su creación. El mundo creado les fue entregado como un regalo, para que pudieran disfrutar de las maravillosas obras de Dios.
El mismo Dios que creó todo el universo sigue sosteniéndolo, porque sin su presencia constante y activa no existiríamos. Y sigue bendiciéndonos a través de todo lo que ha creado: sol y lluvia, plantas y animales, ríos y tierra, y también personas. Por eso podemos declarar en alabanza: «¡Tus obras, Señor, son innumerables!» (Salmo 104:24).
Lamentablemente, en su desobediencia, orgullo e ingratitud, el hombre se ha vuelto contra su Creador, despreciando todos sus dádivas. Esto trajo dolor y sufrimiento. Sin embargo, nuestro Dios volvió a extender su mano lleno de gracia y nos presentó con bendiciones aún mayores a través de Jesús. Hablaremos de ellos en las reflexiones de los próximos dos días. ¡No te lo pierdas!
Oremos: Te alabo, oh Dios Creador, por el don de la vida, por el tiempo y lugar que me das para vivir. Amén.
Autor: Maximiliano Wolfgramm Silva
