
𝐋𝐞𝐜𝐭𝐮𝐫𝐚: «Así que celebremos la fiesta,… con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad» (1 Corintios 5:8)
¿Cuál es la frustración de quienes preparan una deliciosa receta de torta, pero cuando están a punto de probarla, se dan cuenta de que la levadura utilizada se ha echado a perder? No importa cuán buenos hayan sido los otros ingredientes, la levadura en mal estado pierde toda la receta. Lo que debería ser agradable se vuelve insípido y poco interesante.
Para abordar el tema de la inmoralidad entre los cristianos de Corinto, el apóstol Pablo compara el comportamiento inmoral con la levadura echada a perder que arruina toda la masa. El apóstol dirige a los cristianos de esa iglesia a mantenerse alejados de las conductas pecaminosas, a fin de preservar la integridad de todos. Él dice: «Así que celebremos la fiesta, pero no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad» (1 Corintios 5:8).
Al igual que lo que sucede hoy, en la primera Carta a los Corintios es evidente cómo la Iglesia tuvo que lidiar con temas serios y controvertidos. Es probable que gran parte de esa conducta inmoral estuviera fuertemente influenciada por la cultura depravada de la época.
También hoy la fe cristiana sufre muchas tentaciones. Las diferencias culturales constituyen barreras reales para una vida santificada. Sin embargo, el apóstol Pablo nos recuerda que una vida constante y agradable a Dios solo es posible gracias al Salvador Jesús. Él es el pan de la pureza y de la verdad, en él somos libres y estamos salvados de toda inmundicia causada por la levadura del pecado.
𝐎𝐫𝐞𝐦𝐨𝐬: Dios Todopoderoso, purifica mi corazón y sostenme en la fe en Jesús para que no me influyan comportamientos malvados. Amén.
Autor: Fernando Behling