
Lectura: «¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!» (Hechos 2:11)
Las obras de Dios están llenas de esplendor. Aunque podemos reconocer esta grandeza mirando la inmensidad del universo, Dios insiste en que necesitamos escuchar más sobre las grandes cosas que ha hecho.
Ese es el mensaje de Pentecostés. El Espíritu Santo se manifestó en forma de lenguas de fuego y concedió el don de personas en hablar en lenguas de otros pueblos. Estas personas escuchaban y entendían lo que se decía. Esto causó asombro en la gente, que decían «¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!» (Hechos 2:11).
El Espíritu Santo necesita hablar, y necesitamos escuchar «acerca de las maravillas de Dios» (Hechos 2:11), porque la obra de Dios no se limita al hermoso amanecer. Aún en el evento de Pentecostés, el apóstol Pedro anunció la gran obra de Dios por ti: «Fue entregado conforme al plan determinado y el conocimiento anticipado de Dios, y ustedes lo aprehendieron y lo mataron por medio de hombres inicuos, crucificándolo. Pero Dios lo levantó, liberándolo de los lazos de la muerte, porque era imposible que la muerte lo venciera.» (Hechos 2:23-24).
Necesitamos escuchar sobre el pecado, que dañificó la creación de Dios; necesitamos escuchar sobre Jesús, su sufrimiento y muerte por nuestros pecados; necesitamos oír que Jesús venció la muerte por nosotros y que ahora camina con nosotros, guiándonos hacia la obra de restauración. El Espíritu debe hacer que la Palabra suene, porque nos hace admirar las grandes cosas que Dios ha hecho en nosotros y por nosotros.
Oremos: Dios mío, has hecho grandes cosas por nosotros. Que tu Espíritu Santo actúe en nosotros a través de la Palabra para que podamos ver tu obra. En el nombre de Jesús. Amén.
Autor: Ismael Isaque Verdin
